Literatura Fútbol
Fútbol panameño, el vaso medio lleno
Podría optar por el enfoque contrario para esta nota, y con razones. Señalar el vaso medio vacío quizás fuese más sencillo, y descargar aquí realidades concretas tangibles, como intangibles para plasmar aquello. Sin embargo, fiel al concepto que nos representa, la Utopía, optare por encontrar el ideal, por imaginar, crear escenarios, y señalar también, porque existen realidades que invitan a soñar. Ser parte de la solución y no del problema.
El término de fútbol emergente cabe y aunque no es garante de nada por sí solo, ni motivo de excusa para sostenerse en la mediocridad y pasividad, la historia es relativamente corta. Apenas tres décadas y algo más un fútbol “profesional”, de lo más joven de nuestra región, sino el que más y el menos culturizado también.
No obstante, aun con estas circunstancias hemos ido in crescendo, de forma discontinua y amorfa tal vez, pero creciendo, lo sé, paradójico. Hasta aquí parece la vieja avenida, que consecuentemente con el tiempo se desgasta y en lugar de construir otra nueva o buscar otras rutas, se va emparchando.
De todo este contexto, han salido figuras de calibre mundial: Rommel Fernández, los hermanos Dely Valdez; no tan laureados, pero no por ello menos importantes: Rene Mendieta, Percival Piggot, Tátara Guevara, Noel Gutiérrez, Donaldo González, José Luis Garcés; otros que representan el ideario de la constancia y ejemplo de cómo llevar la profesión con oficio y compromiso, lo que les permitió hacer larga carrera en el futbol extranjero y punto aparte, ser artífices de nuestro mayor logro (Rusia 2018): Felipe Baloy, Jaime Penedo, Blas Pérez, Gabriel Gómez, Román Torres, Luis Tejada entre otros tantos, que dejaré pasar en este ingrato acto de hacer menciones.
Rusia 2018 representó el éxito de un producto (el envase), más no confirma per se un crecimiento estructural tangible: cimientos sólidos (formación, desarrollo del fútbol base y sus entrenadores) una federación que lo propicie y promueva, una liga que acompañe el profesionalismo de nuestros jugadores, clubes que se fortalezcan desde sus categorías inferiores, infraestructura, entre otras prioridades que, a día de hoy, siguen siendo utópicas. Pero encuentro atisbos, intenciones y acciones, que me permiten ver el vaso medio lleno. Parece ser que vamos dejando los parches, en pro de encontrar nuevas rutas, o eso busco imaginar y crear.
En cada una de estas áreas y respectivos ideales mencionados contamos con recurso humano y, por ende, con esperanza. Queda orientar cada ejecución hacia lo que es prudente: el buen hacer, el construir, el proponer, lo que conduce a respetar un concepto tan olvidado por la vorágine del mundo actual y al que futbol no es ajeno: PROCESO.
No dejarse ofuscar por el resultado cortoplacista, hagamos algo perdurable y sostenido en el tiempo, que, aunque demore algo más la cosecha, seguro los frutos serán mejores en volumen y calidad.
El crecimiento depende no solo de la federación máximo organismo regente, de la dirección de la liga, de los entrenadores, aficionados, medios de comunicación o de los protagonistas (los jugadores), como entes separados donde cada uno interprete su rol y función; no creo que este sea el debido andar de lo que debería ser un entramado de voluntades individuales, donde cada uno desde su espacio confluyen a la premisa: “ser parte de la solución y no del problema.
¡Sin bases sólidas será muy difícil por no decir imposible lograr una estable estructura que del salto de calidad que Panamá busca, reafirmar nuestra capacidad en la región, poder competir al más alto nivel, generar materia prima de exportación y promover cultura de fútbol al país, a través de la formación, educación y promoción! ¡El bendito proceso!
No quiero dejar de resaltar al fútbol femenino, u otras modalidades como el fútbol sala y el fútbol playa, que, con poco, nada o menos, han obtenido resultados increíbles, y generado talentos importantes. Aunque más emergentes aún, están contemplados dentro de lo que aquí pongo de manifiesto. Aprovechemos esa naturaleza innata de la que goza nuestro istmo para producir atletas capaces y aptos, facilitándoles las herramientas y plataformas que requieren.
Sigamos pues con la fortaleza y el carácter del águila arpía, a pico y pala como en nuestro escudo nacional, labrando el porvenir con el que soñamos.
De parte de un ex jugador(amateur/semi profesional), un entrenador/gestor en formación, y un portavoz en pro de la construcción de ideales, en este caso a través del fútbol que tanto amo y ustedes también.
– Benjamin Mirones.
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