De la luz a las tinieblas

De la luz a las tinieblas.
10 de octubre de 2017, una fecha en que cuatro millones de almas, un país entero, gritaron al unísono a los cuatro vientos, alcanzamos por fin la victoria. Todo un país explotó en una vorágine de sentimientos, envueltos en las lágrimas de alegrías de algunos, y en los bailes en las calles atiborradas en automóviles, hasta el más escéptico creyó en esas horas de alegría, que los milagros eran posibles. Ya pasado el exitismo, entre una serie de eventos desafortunados, cada vez es más palpable que aquella fecha pudo ser más que un milagro, pudo haber sido un espejismo que nos hipnotizó en un lapso de tiempo, a la espera de ver nuestra primera aparición en un mundial. Miles de eventualidades que nos llenaron de sinsabores durante años, fueron borradas por unos tres partidos que nos embobaron en el encanto de colocarnos el mote de mundialistas, pero el milagro duró poco, y el sabor agridulce regreso a nuestras papilas futbolísticas, y ahora nos encontramos en un limbo del cual la incertidumbre, toma posesión en la mente de todos aquellos que aman al deporte rey en este país.

La marcha de Pedro Chaluja de las oficinas en Juan Díaz, empezaban a vislumbrar un ambiente de dudas dentro de la máxima entidad del fútbol en nuestro país. La nueva administración llegaba haciendo ruido, alardeando de un logro de una administración anterior, y pregonando que luego de aquel logro, logro alcanzado más por la fuerza de los jugadores, que se habían entregado en cuerpo y alma a la camiseta durante años, se lograría por fin el desarrollo que nos permitiría ser una potencia dominante en la región. La selección se despedía de aquella generación gloriosa, que nos hizo enamorarnos cada vez más de la roja, con la cual sufrimos y gozamos en distintos procesos con miras a la anhelada clasificación al torneo más importante del fútbol. El folclórico “bolillo” ya no se encontraba siendo la cara visible de la FEPAFUT, se debía buscar nuevamente aquel capitán que tomara las riendas de la embarcación y la llevara a puerto seguro, esta vez con la estafeta de ser seleccionador de un país mundialista.

Los nuevos jerarcas del fútbol nacional, decidieron hacer una audición, para decidir cuál de los nombres que pasaban por sus oficinas sería el elegido para construir el nuevo proyecto. Hubo un desfile de los mejores técnicos nacionales, donde cada uno mostro lo mejor que tenían en su repertorio, nos ofrecieron partidos memorables como también hubieron algunos para el olvido, pero no se tomaba una decisión en concreto, y eso hacía que el fanático entrara en desesperación, al no conocer el rumbo que estaba tomando nuestra amada selección. Los días pasaban y las cartas estaban sobre la mesa, se rumoraba por todas partes quién sería el elegido, pero nadie lograba acertar y el secretismo llenaba el ambiente de misterio, la silla de técnico en el coloso de Juan Díaz seguía vacía.

Al escucharse la propuesta del timonel sugerida por Manuel Arias, un hombre sacado de un retiro, que se encontraba entre algodones, descansando y lejos de las canchas, hacía sonar todas las alarmas a nivel nacional. Américo Rubén Gallego llegaba a suelo patrio con una carga de la cual desconocía, o si la conocía, carecía de información suficiente de cuál era el reto que debía afrontar. Su vasta experiencia en un fútbol de primerísimo nivel, y ese carácter que siempre lo ha hecho destacar, ese ímpetu del argentino de creer que todo lo puede, no fue suficiente para direccionar un proyecto que debía iniciar de cero. Ahora se tenía un proyecto huérfano nuevamente, al borde de la muerte prematura, con una amalgama de talento que se estaba potenciando en ligas extranjeras, la situación se había tornado crítica, y nos habíamos vuelto sumamente vulnerables que hasta equipos que dominábamos a cabalidad en antaño, nos hacían pagar caro en nuestro propio recinto y frente a nuestra gente. Eran las horas más oscuras para la Federación Panameña de Fútbol, no se tenían noticias sobre cuál sería la decisión ante el inminente fracaso que se asomaba a la puerta, muchos pedían la cabeza del argentino ante la falta de información que proporcionaba, se había encerrado en su propia trinchera ante las críticas que le llovían de todas las direcciones, era una crónica de una muerte anunciada.

cara, por lo cual, decidí definitivamente romper aquel vinculo.

A pesar que todo indicaba que Gallego tenía las horas contadas, Arias parecía seguir ratificándolo, organizando una serie de partidos amistosos en donde pudo mostrar una mejor cara, pero sus paupérrimos anteriores resultados habían dejado una huella imborrable, las heridas seguían frescas y sangrando, pero el máximo dirigente de nuestro fútbol se mostraba obstinado y parecía no tener intención en abandonar el barco que estaba a nada del naufragio. A pesar de las diferencias, dimes y diretes de lado a lado, prensa y federativos a nada de enfrentarse, y fanáticos abrazando el pesimismo y resignándose a volver a épocas de penumbra en el Rommel Fernández, llega una pandemia que hace que los focos se apaguen por momentos en el verde. La economía empezó a hacer estragos a nivel mundial, y la FEPAFUT no quedó exenta del duro golpe que azotaba a la humanidad, la pandemia obligó a los dirigentes a tomar medidas que harían cambios trascendentes en nuestro deporte, y entre esos estuvo la muy esperada destitución del timonel argentino, se suscitó una purga de técnicos en la federación debido a la situación que se atravesaba a nivel mundial y principalmente al parón futbolístico que dejaba las canchas abandonadas hasta nuevo aviso.

Con el fútbol detenido, se iniciaron las reuniones para escoger de nueva cuenta, quién sería el arquitecto que forjaría a la nueva generación de la roja. Se empezaba nuevamente desde la especulación, ya como de costumbre bajo la administración de Manuel Arias, algo que daba la impresión que todo se hacía a base de ensayo y error, una sensación de que la improvisación era la principal herramienta de la federación y que su brújula era el azar. A pesar de que el presidente miraba hacia el cono sur para reemplazar a su ya fallido candidato, los dirigentes de clubes y demás federados voltearon sus miradas hacia el viejo continente, buscando nuevos aires que refrescaran a un fútbol que estaba estancado y devolver aquella imagen de un Panamá combativo y siempre peligroso en la región. La voz de la mayoría en nuestra máxima entidad prevaleció, y con eso se da la llegada del hispano-danés Thomas Christiansen, un hombre forjado en La Masía, con amplio recorrido en el fútbol europeo y con cierta experiencia en los banquillos de aquella zona del globo terráqueo. El desconocimiento y la poca cultura futbolística que impera en nuestro país dejo su llegada más llena de preguntas que respuestas, ¿Cómo este señor decidió venir a un fútbol tan precario?
Sus primeras impresiones fueron positivas, se le veía mesurado, lo que decía era muy acertado y nada fuera de lugar, algo de lo que no estábamos acostumbrados. Parecía ser la solución ante la adversidad que atravesábamos en esos momentos. A pesar de las vicisitudes se lograron realizar algunos partidos amistosos, y para nuestra sorpresa, de muy buen nivel. Christiansen inicia su travesía en esta jungla indómita con saldo positivo y alentador, con un descalabro que dentro de la comprensión del menos aventajado, era razonable. Pero muy a pesar de que a simple vista estamos recuperando el norte que una selección mundialista debe tener, la incompetencia de nuestras autoridades y el poco interés que se le tiene al deporte en esta tierra, nos hace retroceder en nuestras intenciones. El mantenimiento a nuestros pocos recintos futbolísticos en donde nuestra selección puede competir, nos hace iniciar nuestro viaje hacia Catar fuera de nuestra geografía, un episodio que dábamos por finalizado y que no volveríamos a ver. Ni siquiera nuestro fortín, nuestra casa, nuestro principal estadio está habilitado para competiciones locales, una vergüenza para un país que saca pecho a diario de haber sido mundialista.

La incertidumbre sigue en el aire, solo que ahora tenemos a una persona que asumió el reto, y al parecer, tiene todo el interés de devolvernos al sitio que deberíamos ostentar. Los parpadeos constantes de la federación hacen que el público inconforme vaticine un apocalipsis, el pesimismo aún sigue vigente. Nuestro viaje por un cupo está próximo a iniciarse, y quedar fuera del baile a la primera de cambio no es opción. La selección tiene todas las herramientas para afrontar los retos que están por venir, en donde deben tomarlos con toda la seriedad y el profesionalismo posible, para así devolverle al pueblo esa ilusión que nos hizo soñar despiertos, que nos hizo suspirar ante cada atajada de “San Penedo”, que nos llenó de alegría ante cada gol del “matador” y del “súper ratón”. Ese es el camino que esperamos tome la sele, para así de una vez por todas salir de las tinieblas y caminar nuevamente hacia la luz.

Escrito por: Edgardo De León

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