El manual de juego, la lupa sobre José Mourinho

Netflix, una de las plataformas actuales de streaming, está presentando un documental interesantísimo para los amantes del deporte, llamado: El manual de juego. Presenta anécdotas de distintas disciplinas deportivas, de la mano de entrenadores que van pasando capítulo tras capítulo para contarnos las claves del éxito en determinados momentos de su carrera. En esta ocasión nos centraremos en el capítulo tres, La lupa sobre José Mourinho.

¿Cuáles son sus recuerdos más tempranos de la infancia?’. A lo que Mourinho responde: “No quiero hablar de eso”. Así da inicio la entrevista en donde en menos de un minuto nos deja sorprendidos ante su repentina apatía. Seguidamente, le preguntaron sobre las experiencias que forjaron su filosofía, a lo que volvió a responder de una forma cortante: “No quiero entrar en ello”. 

Sin embargo, a partir de aquí el portugués si que se fue abriendo dejándonos varias anécdotas entrañables. “Siempre he sentido que el fútbol es una religión, no un deporte”. Una de las frases con las que mas he identificado a lo largo de la plática porque así lo he sentido a lo largo de mi vida.

Mourinho repasa su trayectoria en el Porto a partir del año 2002 y su estrategia para devolverle la ilusión a los fanáticos de este equipo, sumergido en una profunda crisis. Al llegar a la institución, Mourinho decide que debe devolverle la identidad al Porto, mejorando la plantilla con jugadores que sintieran verdaderamente la camiseta y que con su sacrificio en la cancha lograran que los aficionados se sintieran identificados. Fue así como consiguió convertir la localía en un arma letal para sus adversarios.

Dos años después, logró conquistar la Champions en un equipo que estaba lejos de ser uno de los favoritos, eliminando en octavos de final al temido Manchester United de Ferguson, en cuartos al Olympic Lyon, en semis al Deportivo La Coruña y en la final al Mónaco. Gracias a esta proeza, el Chelsea se fijó en el técnico portugués para liderar el nuevo proyecto.

Fue aquí cuando hace una pausa para contarnos un poco sobre su niñez, “quería ser jugador, pero no era suficientemente bueno. No tenía el talento, pero supe muy pronto que sí lo tenía para entrenar”.

Posteriormente, Mourinho nos cuenta como a pesar de una sanción de la UEFA, no dudó en esconderse en su vestuario durante una eliminatoria de cuartos de final de Liga de Campeones contra el Bayern Munich. Al no ubicarlo dentro del estadio, la UEFA decide ir a buscarlo dentro del vestuario por lo que tuvo que meterse dentro de un canasto de ropa sucia. “No me enorgullezco de ello porque fue contra las normas, pero estoy orgulloso de aquello como líder, como amigo de mis jugadores. Por tu familia haces cualquier cosa, incluso romper las reglas”.

Luego nos cuenta un poco sobre su paso por el Inter de Milán, en el que volvió a hacer énfasis en la unidad y hermandad de ese grupo. Una escena que resume todo esto es cuando después de ganar la Champions en Madrid decide irse sin despedirse de los jugadores para no arrepentirse de fichar por el Real Madrid, hasta que ve a Materazzi fuera del bus esperándolo, por lo que Mourinho le pide al chofer que se detenga para ir a despedirse de él. Es una escena entrañable en la que no se dijeron absolutamente nada, pero se fundieron entre un abrazo lleno de lágrimas. Imagen para la posteridad.  

El portugués decidió irse al Real Madrid afirmando que esas oportunidades no se dan mas de una vez en la vida y que deseaba ser el único entrenador en ganar la liga en las tres grandes ligas de Europa, sumado al aliciente de derrotar al histórico Barça de Pep Guardiola. Y aunque se le olvido mencionar que no pudo ganar la Champions con el Madrid, objetivo por el que se le contrato, no cabe duda de que supo devolverle el prestigio al club blanco.

“A las grandes estrellas no les vas a enseñar a jugar al fútbol. ¿Le vas a enseñar a Cristiano a patear un tiro libre? No, les enseñas a jugar al fútbol en ese equipo. No les digo lo que tienen que hacer. No soy Waze. Les oriento, pero lo tienen que hacer ellos. Tienen que entender por qué”. Una de las frases para enmarcar del documental.

Y, como epílogo, deja una interesante reflexión: “El fútbol es corazón. Se trata de ganar. He cometido errores (…), pero han pasado 25 años, 20 años, 10 años… y aquellos equipos que entrené siguen siendo equipos. Si alguien necesita algo, ahí estamos para él. Los títulos quedan para la historia, pero para mí lo que queda es el aspecto humano”.

Escrito por: Santiago Galeano M.

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