Literatura Fútbol
El 10, una especie en peligro de extinción
El 10, una especie en peligro de extinción.
Dentro del romanticismo del fútbol, existía una figura que enamoraba, que se llevaba todas las miradas de la tribuna, que encantaba con sus fintas y pases a todo amante del balompié en cada cancha que se hiciera presente. Aquel que tomara ese rol dentro del verde, se convertía automáticamente en un guardián de la esencia del deporte, un estandarte de la belleza y la estética del mismo. Era el maestro de la orquesta, y todos los pases pasaban por sus pies, aunque se viera imposible que una jugada se pudiera dar entre muros defensivos pensados para detenerle, este mágico ser tenía la pillería suficiente como para pintarle la cara a cualquier esquema que se le pusiera por delante.
El 10 ha quedado como un número más dentro del fútbol, más que un rol específico dentro de la cultura de este deporte. Poseer ese número en la casaca, evocaba una sensación de peligro y elegancia, admiración y respeto, denotaba arte y brillantez, por lo cual muy pocos podían portarlo. La pausa, la calma dentro del mediocampo, el ordenar a sus compañeros para desplegar la ofensiva, ni el capitán en el campo tenía aquella jerarquía al alzar la voz. Desde Garrincha hasta Maradona, pasando por Riquelme y Ronaldinho, personajes que con solo mencionarlos, nos llenan el pensamiento de buenos momentos, momentos que nos ilusionaron y nos dejaron más de una vez con la boca abierta. En la mente del futbolero más asiduo, vive la idea que en algún momento llegara una figura a enamorarnos con actuaciones de este tipo, pero el futbol moderno cada día se vuelve un obstáculo para que el 10 vuelva a tomar su estado natural.
Antes, en las canchas de tierra de los barrios más humildes, en las calles de los vecindarios más precarios, en donde hubiera un balón para patear, todos los niños salían con la ilusión de jugar con la 10 algún día. En aquellos rinconcitos de nuestro planeta, se forjaban aquellos talentos que, en poco tiempo, adquirían esa virtud de llenarse los pies de fútbol. El progreso, la tecnología y la industrialización del futbol, han hecho que los técnicos se fijen cada vez más en jugadores atléticos que puedan ser convertidos en futbolistas con pocos conceptos, y van dejando de lado aquellos talentos que con el balón son un espectáculo, pero que su aspecto físico los limita dentro de las expectativas esperadas. El físico predomina ante la habilidad en estos tiempos, adquiriendo matices de otros deportes donde esto es un dogma a seguir.
En algunas posiciones se hace imperativo colocar jugadores por su estatura, por su físico fornido, o ya sea por su velocidad, pero un 10 requiere de inteligencia, de visión de campo, de regate ilimitado, de saber dónde estar siempre para apoyar a sus compañeros. Aquellas aptitudes que son muy escasas en cualquier disciplina, que se hacen necesarias para cambiar cualquier situación adversa en un juego. El cambio en este hermoso deporte lo ha desvirtuado, que si lo vemos desde su forma más simple, es fácil de entender, pero que una seria de números y teorías, lo han llevado a verse como algo complejo, un ambiente en el que el 10 no encaja, donde su naturaleza salvaje de ser una entidad libre dentro del engramado, lo encasilla en un limitado rincón del rectángulo verde.
Quien no daría lo que fuera por ver pases entre líneas imposibles, gambetas que te dejen sin aliento, ver aquel jugador que daba indicaciones con la mano mientras tenía el balón pegado al pie. Tendríamos que hacer una evaluación si aún podemos recuperar esa esencia, y recuperar al 10 no sería detener el avance del fútbol, sería darle color nuevamente, toda una gama de opciones y posibilidades que hacen que el juego sea más atractivo. Muchos equipos que están fuera del radar pasan de los convencionalismos y siguen dándole relevancia a aquellos que aún se atreven con la caprichosa. La verdad es que el 10 no debe extinguirse jamás, que desaparezca seria llevar al futbol a algo muy predecible, cosa que actualmente está sucediendo. Los sistemas tácticos están hechos para facilitar la comunicación entre el técnico y los protagonistas en la cancha, no para que los técnicos sean los protagonistas, en vez los 22 que están corriendo tras la bocha.
En mi opinión personal, dicen que las modas regresan, y el 10 más que una moda, es una ejemplificación de lo que el futbol debe ser. Más allá de lo lógico, de lo que uno puede esperar, el instinto y la picardía deben ser elementos inamovibles de este deporte. Percibir cada jugada como una obra de arte, es el éxtasis del fanático, y colocar nuevamente a este personaje en la cúspide del espectáculo siempre será un aliciente que hace que el boleto valga. Sin dudas, habrá unos cuantos que aun piensen como yo, y devolverán a estos seres mágicos a las canchas, le soltaran las cadenas que le tienen en las piernas y llenaran de ilusión nuevamente a las generaciones venideras, dándole continuidad a lo que en realidad es el fútbol, arte en movimiento.
Escrito por: Edgardo de León.
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